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La herencia para Sheinbaum: Inseguridad, violencia, corrupción, impunidad, voracidad inmobiliaria…

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CIUDAD DE MÉXICO.- El sexenio que termina este martes en la Ciudad de México -el mismo que inició Miguel Ángel Mancera y abandonó en marzo pasado para colarse al Senado de la República-, será recordado como uno de los peores en inseguridad y violencia, voracidad inmobiliaria, corrupción e impunidad, dispendios, así como falta de políticas públicas y capacidad para atender emergencias.

Luego de que la candidatura presidencial se le fue de las manos, el exprocurador de justicia abandonó el barco y dejó un “tiradero” en la capital, contra el que poco o nada pudo hacer su amigo José Ramón Amieva, a quien le endilgó el puesto y este miércoles 5 de diciembre no tendrá más que entregarlo a Claudia Sheinbaum y su partido, Morena.

Uno de los temas por los que más será recordada esta administración es el de la inseguridad. El pasado 24 de octubre, el Observatorio Nacional Ciudadano aseguró que la CDMX atraviesa por una “álgida crisis de seguridad” por el incremento en el delito de robo. De acuerdo con su Reporte de Incidencia Delictiva en la Ciudad de México, en el tercer trimestre de 2018, la capital registró su tasa más alta del sexenio en ese delito, que creció 18.3% respecto al mismo periodo de 2017.

Las cifras lo dicen claro, a diario se denuncian en promedio 107 robos con violencia, 21 robos a casa habitación, 44 robos a negocios y 49 robos a transeúntes; sin contar la cifra negra.

Respecto al homicidio doloso, la ciudad reportó su segunda tasa más alta desde que se tiene registro, con un incremento de 18.3% respecto al mismo periodo del año pasado.

Así, pareciera que se ha vuelto normal escuchar noticias de personas ejecutadas con violencia en sus autos, negocios, en restaurantes o en la calle mientras caminan o bien, que aparecen cuerpos mutilados y esparcidos en la vialidad. Estos últimos, presuntamente relacionados con las pugnas por narcomenudeo y delincuencia organizada que, sin mucha discreción, opera impunemente.

Para muestra, la detención de presuntos líderes de los llamados cárteles de La Unión Tepito, Fuerza Anti Unión y el de Tláhuac.

Este sexenio también quedará marcado por ir en contra del lema de campaña “Decidamos juntos” que Mancera utilizó para ganar la Jefatura de Gobierno. Y es que, en la práctica, su administración ha sido criticada por sus actos de represión a manos de los granaderos.

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) ha emitido al menos ocho recomendaciones por detenciones arbitrarias, tortura, violaciones al debido proceso, estigmatización, criminalización de la protesta, violación a la libertad de expresión y manifestación, así como por agresiones a periodistas.

Peor aún, el nivel de impunidad. El estudio de la organización México Evalúa llamado “Hallazgos 2017, seguimiento y evaluación del Sistema de Justicia Penal en México” asegura que la impunidad es de 90.3%. Casos como el Bar Heaven y el multihomicidio de la colonia Narvarte son un claro ejemplo.

No parece raro que en este escenario la administración haya tenido dos procuradores generales de justicia y tres secretarios de Seguridad Pública.

Ciudad en ruinas

La administración que hoy termina tuvo que enfrentar la tragedia natural y humana más grande en la Ciudad de México en los últimos 32 años: el sismo de 7.1 grados del 19 de septiembre de 2017 que dejó un saldo de 228 muertos y cinco mil 765 viviendas afectadas.

Más allá de la organización de la sociedad civil que, como en el temblor del mismo día, pero de 1985, fue la primera en salir a las calles a ayudar, el gobierno capitalino dejó al descubierto su incapacidad de atender la emergencia, tanto con personal, como con un plan de protección civil.

Pero no fue solo eso. También develó la corrupción de empresas inmobiliarias con autoridades delegacionales y del gobierno central para levantar edificios con estructuras deficientes que con el sismo se vinieron abajo y sepultaron a sus habitantes.

Incluso, fue señalado por el presunto uso político de ocho mil 792 millones de pesos dedicados a la reconstrucción, pero a manos de diputados locales del PRD y PAN en pleno periodo electoral.

Al ocaso del sexenio, Amieva Gálvez intentó recomponer el camino con una nueva Comisión para la Reconstrucción y hasta se le vio yendo directamente a dialogar con damnificados del Multifamiliar Tlalpan que cerraron la vialidad a medianoche para demandar atención integral a su problema.

En ruinas también termina el Sistema de Transporte Colectivo Metro, pese a que, en diciembre de 2013, Mancera ordenó el aumento de tres a cinco pesos el costo del boleto y la creación de un Fideicomiso con la promesa de que sería “transparente” y serviría para mejorar el servicio que a diario usan más de cinco millones de personas.

Cinco años después, el Fideicomiso opera bajo la opacidad y el servicio cada vez presenta más fallas. De hecho, en comunicados oficiales, el Metro y el gobierno capitalino reconocen que éstas se deben a que los trenes, las vías y el cableado ya están “viejos” y no se ha invertido en su mantenimiento.

El boom inmobiliario

La percepción de la corrupción siempre estuvo presente en esta gestión. Varios funcionarios salieron bajo la sospecha de manejos irregulares en sus dependencias. Está el caso, por ejemplo, de Alfredo Hernández, secretario de Obras, quien en marzo de 2015 renunció cuando la prensa difundió que dio contratos por 70 millones de pesos a la empresa donde trabajaba su esposa.

Además, organizaciones sociales, como Suma Urbana, denunciaron la existencia de un “cártel inmobiliario” presuntamente operado por Simón Neumann, exsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) y actual asesor del Ejecutivo local en temas de desarrollo urbano, y por Fausto Ernesto Galván Escobar, coordinador general de Gestión para el Crecimiento y Desarrollo de la Ciudad, de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco), de acuerdo con una investigación del portal de noticias La Silla Rota, en febrero del 2017.

El pasado 8 de septiembre, Proceso (edición 2184) publicó un reportaje relacionado con la manera en que Mancera y sus más cercanos colaboradores, los hermanos Luis y Julio Serna, labraron su patrimonio como funcionarios de la burocracia gubernamental capitalina.

“La mayoría de las propiedades –las del exjefe de gobierno en particular– presuntamente fueron compradas a desarrolladores inmobiliarios a quienes posteriormente incorporó a su gabinete: algunos incluso se convirtieron en sus socios”, señala el texto.

Popularidad, en la basura

Además de todo este lastre, Mancera Espinosa llevó una administración marcada por la indefinición, improvisaciones y hasta ocurrencias, en medio de la imagen de lujo y frivolidad, de su gusto por los reflectores que no escondía.

Comprobado quedó que no supo capitalizar el 63.5% de la votación que obtuvo en 2012 (la más alta para un jefe de Gobierno). Por el contrario, dilapidó su popularidad, pues en julio de 2017, según una encuesta del diario Reforma, la cifra se revirtió a 64% de desaprobación.

Peor, aún sin asumir la Jefatura de Gobierno, dio el espaldarazo al recién oficializado, aunque repudiado, presidente Enrique Peña Nieto al acudir como testigo a la firma del Pacto por México, en el Castillo de Chapultepec entre PRI PAN, PRD y los partidos minoritarios.

Ya como mandatario local, no cuestionó su gobierno ni siquiera ante escándalos como llamada “Casa Blanca” o la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero.

Cierto es que aquel acercamiento le valió para que, en febrero de 2017, el Congreso de la Unión aprobara la Reforma Política del Distrito Federal, lo que ninguno de sus antecesores logró. Ello dio paso a la primera Constitución Política de la Ciudad de México que hoy rige a la capital del país.

No obstante, con su asistencia a la firma del Pacto por México también comenzó su distanciamiento con Andrés Manuel López Obrador. Bajo la operación política del entonces secretario de Gobierno, Héctor Serrano, Mancera también rompió con Marcelo Ebrard, tras el escándalo del cierre temporal de la Línea 12 del Metro.

Aunque nunca se afilió al PRD, partido que lo llevó al poder, bajo su gobierno éste perdió la capital, su bastión militante más importante en el país. Primero, en las elecciones intermedias del 2015, donde cayó ante Morena en cinco de las 11 delegaciones que gobernaba.

Luego, en 2016 durante el proceso para elegir el Congreso Constituyente que elaboraría la Constitución Política de la ciudad, Morena arrasó de nuevo. El acabose fue el pasado 1 de julio, cuando el PRD no sólo perdió ocho delegaciones (ahora alcaldías), sino también la mayoría en el Congreso y, lo principal, la jefatura de gobierno.

Así evaluaron y sepultaron los capitalinos al gobierno que inició Miguel Ángel Mancera. Este miércoles 5, Claudia Sheinbaum asumirá el control bajo la promesa de terminar con la corrupción y enmendar lo que en la administración pasada se hizo mal.

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