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Peña Nieto pide perdón

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Editorial

Alejado de la realidad del país, indiferente a la pobreza que padecen millones de mexicanos, insensible al dolor de las víctimas de la creciente violencia en el país, destacadamente de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, y ejemplo de la cultura de la corrupción de la élite del poder, Enrique Peña Nieto optó por pedir perdón a quienes se sientan ofendidos por su desempeño y el de su gobierno.

Aquel presidente soberbio, arrogante, y muy frívolo que los mexicanos vieron durante más de cinco años, primero viajando por el mundo para presumir las grandes transformaciones de México que solo existían en su imaginación; ese presidente ostentoso que viajaba con una enorme comitiva llevando a su esposa, hijos y amigos de la “primera dama”, ya no es el mismo desde la descomunal derrota electoral que sufrió, junto con su partido, el PRI, del que se asumió como líder desde Los Pinos.

El político que como gobernador atropello los derechos de los indígenas de Atenco, donde el Ejército llevó ejecutó la orden de someter a golpes y vejaciones a mujeres y hombres, y que más tarde crearía una red de complicidades con encumbrados militantes priistas para desviar dinero público de los gobiernos de los Estados para su campaña presidencial; el que fomentó y encubrió la corrupción para obtener dinero ilícito de empresas extranjeras para su beneficio personal y para uso electoral, ahora dice con aparente humildad que pide perdón a quienes se sientan ofendidos por su manera de ejercer el gobierno.

Aún después de la derrota electoral que colocó al PRI en una de sus peores crisis política y de aceptación de los mexicanos, el presidente Peña Nieto no dimensiona el tema de la corrupción y de la inseguridad en México, porque si bien es cierto que dice arrepentirse de haber colocado a su esposa en el centro de la atención por el caso de la Casa Blanca, también lo es que ahora, a partir de sus declaraciones públicas, surgen más contradicciones entre lo que manifestó en un principio y lo que hoy admite como un error por no haber dado las explicaciones suficientes.

Millones de mexicanos se sienten agraviados con sobradas razones, no solo por su arrogancia y frivolidad para gobernar, que son conductas personales inadmisibles, sino porque no cumplió sus compromisos en materia de seguridad y con ello permitió que creciera el número de víctimas inocentes; porque no combatió legal y responsablemente la corrupción de su gobierno  los gobiernos estatales; porque habiendo podido ejercer un gobierno realmente austero y congruente con la realidad nacional, despilfarró millones y millones de pesos sin que haya habido consecuencias administrativas y penales.

Por su investidura como presidente de México, Enrique Peña Nieto no solo está obligado a ser juzgado por la historia, sino por las instancias responsables del combate a la corrupción y de procuración de justicia, porque legalmente debe responder por acciones que violaron los derechos humanos y lastimaron profundamente a los mexicanos, como los delitos de tortura y desaparición forzada; o por graves actos de corrupción que afectaron el patrimonio de las instituciones y de los mexicanos.

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