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Editorial

La prensa cómplice

Los periodistas saben más de lo que publican.
No dicen, o dicen a medias, lo que saben. O distorsionan lo saben.
Saben, realmente, lo que ocurre en el país y callan por conveniencia personal, por temores reales o infundados, o por condicionamientos reales o ficticios; la mayoría de los periodistas no habla ni escribe con libertad.
Todos saben, por su actividad y sensibilidad profesional, que el país enfrenta retos y desafíos que terminarán postergando soluciones a los grandes problemas nacionales.
Saben, ante todo, que el PRI no tiene, en principio, el respaldo mayoritario de la población; que los mexicanos transitan entre la indignación y la desesperanza, y que las encuestas no mienten: el voto será, en su mayoría para la oposición al PRI, y que el pre candidato de “Juntos haremos historia” lleva la ventaja.
Saben que las Fuerzas Armadas han perdido respeto y reconocimiento, pero magnifican las reacciones de la cúpula que se siente ofendida por las críticas de Andrés Manuel López Obrador, al fallido reconocimiento al general Salvador Cienfuegos en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, con el Honoris Causa que no se entregó por protestas de los maestros y de los galardonados que llegaron al extremo de renunciar a tal distinción.
Saben, mejor que nadie, que el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, lideresa del SNTE, no se debió a su indiscutible corrupción, sino a las diferencias con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en la reforma educativa, y que priistas y panistas se aliaron, y le otorgaron ilimitados privilegios, cuando les convino electoralmente.
Saben que fue el PRI y sus gobiernos los que encumbraron al crimen organizado, del que fueron beneficiados con dinero y servicios, hasta que el poder acumulado de los cárteles se convirtió en una amenaza no solo para el país, sino para ellos mismos como gobierno.
Saben que el “levantón” de dos agentes de la Procuraduría General de la república por sicarios del Cartel de Jalisco Nueva Generación, es consecuencia de los niveles de corrupción del Gobierno de la República y de la falta de cumplimiento de los acuerdos con el crimen organizado.
Saben bien que el saqueo del país es resultado de la impunidad, de la falta de compromiso del gobierno de Peña Nieto con la transparencia, rendición de cuentas y castigo efectivo a los ladrones de “cuello blanco” que, desde los más altos niveles del poder, gozan de impunidad.
Saben bien que José Antonio Meade representa no solo la continuidad y el encubrimiento a la descomunal corrupción del gobierno de Peña Nieto, sino que, mediante el fraude, el sistema pretende imponerlo sobre la voluntad popular.
Saben que el Gobierno de Peña Nieto está decidido a imponer a José Antonio Meade ante el temor de perder la elección y ser, eventualmente, sometido a juicio penal por una diversidad de delitos, excesos y omisiones que lesionan gravemente la economía, la condición social y la violación a los derechos humanos de millones de familias pobres de México.
Saben de la corrupción de Odebrescht, de la Casa Blanca, de la Estafa maestra, de la desviación de dinero público de los Estados hacia el PRI, de las maniobras para encubrirla, de las ejecuciones extrajudiciales y reiteradas violaciones a los derechos humanos, de los crímenes en contra de periodistas y defensores de los derechos humanos, del uso indiscriminado de recursos públicos para fines electorales, etcétera. ¿de qué no saben? ¡Pero callan!.

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