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EL PRIISTA JOSÉ ANTONIO MEADE

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Editorial

No hace falta afiliarse y militar en el PRI, para ser priista. El precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade es el mejor ejemplo de que como simpatizante, se puede ser más priista que el presidente Enrique Peña Nieto o el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza.
Los mexicanos empiezan a conocer el verdadero rostro priista de José Antonio Meade, al que el PRI trata de presentar como un ciudadano no militante. En su declaración en contra del gobernador panista Javier Corral de Chihuahua, José Antonio Meade lo acusa, sin pruebas, de torturador y mentiroso.
El candidato presidencial del PRI se escucha fuera de la realidad del país, cuando acusa: “vemos en este país, por primera vez en muchos años, a un gobernador que tortura, vemos por primera vez en el país a un gobernador que engaña”. No es posible creer que José Antonio Meade, como precandidato presidencial del PRI, que señale a un gobernador sin pruebas.
Está claro, como dice el gobernador Corral, que le “caló” al PRI-Gobierno hasta “hasta la médula la exhibición del modus operandi de la corrupción política”. Corral había denunciado que la Secretaría de Hacienda trató de condicionar la entrega de 700 millones de pesos al Gobierno de Chihuahua, a cambio de tener acceso al expediente penal del desvió de dinero del gobierno de su antecesor César Duarte al Comité Nacional del PRI para uso electoral.
Por el presunto desvió de 250 millones de pesos que la Secretaría de Hacienda entregó al Gobierno de Chihuahua en 2016 para ser transferidos, mediante operaciones fraudulentas al PRI, la Fiscalía de esa entidad vinculó a proceso al ex secretario adjunto del Comité Nacional del PRI, durante el liderazgo de Manlio Fabio Beltrones, hoy amparado por la justicia federal para no ser detenido.
José Antonio Meade ha sido señalado de encubridor de la corrupción en las Secretarías que ocupó y de las que presume ser un funcionario público con gran experiencia. Efectivamente, José Antonio Mede nunca denunció que recibió, en alguno de los importantes cargos que ocupó, irregularidades administrativas o actos de corrupción, lo que sugiere que siempre fue “tapadera” de los corruptos.
Por los irresponsables señalamientos que hizo en contra del gobernador de Chihuahua, José Antonio Meade demuestra que no es diferente a los priistas que engañan, mienten, roban y calumnian, que repiten las mentiras de otros, porque días antes, su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, había hecho los mismas imputaciones en contra de Javier Corral. La diferencia es que Nuño es militante del PRI y, por ende, mentiroso y calumniador, pero “el ciudadano” Meade pretende presentarse como un servidor público decente y ejemplar.
El tema de la corrupción política, de las redes de complicidades para desviar dinero de las finanzas públicas del país al PRI y sus campañas políticas, no es solo un delito, es uno de los robos que más ofende a los mexicanos, porque no es correcto que los priistas roben los impuestos del pueblo cuando reciben sumas millonarias de prerrogativas y usan los programas sociales con fines electorales.

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