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Integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación de todo el país marcharon en la Ciudad de México para exigir la cancelación definitiva de la reforma educativa en la conmemoración del Día del Trabajo FOTO: Miguel Dimayuga

Editorial

El rompimiento de la CNTE con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, parece inevitable, porque así como ayer no hubo acuerdos concretos para suspender las protestas y movilizaciones; la voluntad política del Gobierno Federal parece insuficiente para satisfacer plenamente todas las demandas de la disidencia magisterial.

La derogación de la reforma educativa llevada a cabo por el Congreso de la Unión, comprometida previamente por López Obrador como candidato presidencial, no satisfizo la exigencia de los maestros agrupados en la CNTE, que exigen derogación  “plena”, y anuncian rebeldía, desobediencia y resistencia.

Los gobiernos de la República que negociaron y acordaron con la CNTE, atendieron  gradualmente las demandas de la disidencia, desconfiados siempre de que el diálogo y la atención institucional alentara una mayor protesta, como efectivamente ha ocurrido, porque esa ha sido la definición de lucha del magisterio que se zafó del control político.

Tres horas de atención a la representación de la CNTE confirma la voluntad política del Gobierno de López Obrador, para escuchar y atender las demandas, entre las que aparece la “derogación total” de la reforma educativa, sin importar que otros importantes sectores presionen al Presidente de la República y al Congreso de la Unión para que el Gobierno Federal se reserve no solo la rectoría sino también el control de las plazas y un método de evaluación distinto al que fue creado para perseguir a los profesores disidentes.

Con  el magisterio de la CNTE, por ahora, es todo o nada. Una estrategia que no le dio resultado en el pasado, cuando el diálogo fue escaso, largamente esperado y las respuestas menores, con una “ley del garrote” en la mano para someter la resistencia y la rebeldía que hoy recuperan los dirigentes, luego de que el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto descabezó a la representación de la disidencia, al encarcelar y vincular a proceso a varios de sus líderes.

La “mano dura” el gobierno del presidente Peña Nieto había sometido ya a la disidencia magisterial, al expresar un debilitamiento real de la estructura sindical y la renuncia de miles de maestros a la lucha sindical, cuando López Obrador en campaña oxigenó a la CNTE, al anunciar la derogación de la reforma educativa, la liberta de los presos políticos y otros beneficios importantes, como la recontratación de los despedidos.

A finales del próximo mes, cuando el Gobierno Federal haya avanzado en la atención a las demandas de la disidencia magisterial, habrá una nueva reunión del presidente López Obrador con la CNTE, para evaluar los avances y discutir los pendientes, lo que no garantiza que los dirigentes pongan fin a la “resistencia y desobediencia” que mantendrán por ahora.

La reunión del 27 de Junio será definitiva para conocer si la CNTE rompe con el gobierno de López Obrador para mantener movilizada a la disidencia magisterial, en resistencia y desobediencia, como estrategia de la representación sindical que le permita avanzar territorialmente hablando, en el fortalecimiento de la CNTE como una estructura capaz de disputar el liderazgo nacional al SNTE.

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