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Paz y retorno con justicia, exigen indígenas Mixes desplazados

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Un lío agrario entre San Juan Juquila, Mixe y San Pedro Ocotepec, terminó perjudicando a los habitantes de la agencia, Guadalupe Victoria

* El resultado, la división familiar, luto en un hogar humilde, tras el asesinato de un jovencito, pero también, el éxodo de cientos de familias precaristas, a partir de 2017, viviendo improvisadamente en la cabecera municipal

 

 

San Juan Juquila, Mixe.- Rostros curtidos por finos e inclementes rayos solares, dejando huellas perfectamente delineadas en frente pómulo, boca y cuello; figuras cansadas y agobiadas de mujeres y hombres sin  alcanzar a comprender el por qué la vida les paga mal, si trabajar es lo único que han hecho desde que tiene uso de razón, coinciden y piden al gobierno de Alejandro Murat Hinojosa:

“Paz y retorno con justicia”, a la agencia municipal Guadalupe Victoria. De esta humilde comunidad salieron al amanecer un día siete de enero de 2017, luego de un ataque armado el día 6. Descalzos, entre la oscuridad, cargando lo poco que pudieron guardar y cargar, dejaban todo en la tierra que los vio nacer en la humildad:

Animales de corral, toros, vacas, un hogar amueblado, lo poco que habían logrado reunir a lo largo de varias décadas de trabajo honesto y responsable.

Hoy siguen llorando lo que perdieron, todavía más, al comprobar que están solos en esta lucha, en donde la injusticia se está imponiendo.

Por ejemplo, José Pérez se dobla, su voz se quiebra y cerrando los ojos, apretando el puño, clama: ¡justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!

Se trata del drama, un  daño irreparable que todavía sigue sin digerir el campesino y papá de José Antonio Pérez, de 14 años, sirviendo como topil a su pueblo Guadalupe Victoria. Un certero y cobarde impacto de bala, de alto poder, disparado por el adulto identificado como Ruperto, prófugo de la justicia, cuyos investigadores sabe en donde se esconde, cortó de tajo la vida a un jovencito con importantes ilusiones que no alcanzó a concretar.

“Mi hijo no descansará en paz hasta que el asesino pagué a la justicia lo que concretó en perjuicio de un jovencito que a nadie hacía daño, que a su corta edad era responsable y cumplía con el uso y costumbre del servicio, era topil, al servicio de los habitantes de su comunidad, hasta que fue cazado por un criminal”, añadió.

El dolor de la familia Pérez no es digno de seres humanos, para nadie. A raíz del asesinato de José Antonio, la Mamá y tres de sus hermanos, no quisieron correr la misma suerte y huyeron al Norte del país, en donde ahora están más seguros, sin embargo, llorando la muerte del jovencito, José Antonio.

La vida cambió diametralmente para más de 350 desplazados. Si nacieron en cuna humilde y con el paso del tiempo, aun siendo los mejores trabajadores del campo, no pudieron elevar la condición social, hoy son más pobres que antes.

Por ejemplo, de cero están empezando nuevamente.

Viven en casas en calidad de préstamo, mientras tanto, las señoras ganan dinero lavando ropa; jóvenes y padres laboran en parcelas que no son de ellos. Otros más arriesgados, abandonaron a la familia. Salieron a buscar trabajo, dinero bien ganado, al distrito de Tlacolula, a Oaxaca de Juárez, Istmo de Tehuantepec o a la ciudad de México.

El dolor es más grande para los desplazados al enterarse que saquearon los hogares que se vieron forzados abandonar en Guadalupe Victoria. Los de San Pedro Ocotepec, cargaron con todo, puertas, ventanas, protectores, muebles y lo de valor encontrado. Únicamente dejaron paredes y techo, puro cascarón. El esfuerzo de toda una vida, a la basura, en un abrir y cerrar de ojos.

Y cuando las victimas aseguran sentirse solo en este lío agrario, en donde la maldad y mentira siguen ganando, los habitantes no se equivocan, ofrecen datos concretos marcando irresponsabilidades tanto en la Secretaría General de Gobierno (SEGEGO) como de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO).

Por ejemplo, el equipo de los DDHPO no toma con seriedad el problema en esta demarcación, en donde los desplazados y los que despojaron, pueden enfrentarse en cualquier momento para resolver lo que está padeciendo cientos de familias obligadas a dejar el patrimonio familiar, hoy saqueado.

Por ejemplo, representantes de la DDHPO dejaron plantados a la autoridad como a familias de la agencia Guadalupe Victoria. Programaron que se reunirían el día 15, del presente mes, en esta cabecera municipal. La finalidad era censar a los desplazados y visitarlos, hogar por hogar, para así, comprobar las condiciones precarias de existencia.

Los funcionarios no llegaron, se disculparon asegurando que surgió otro problema más importante que atender, por lo que más adelante ofrecerán fecha para nuevo encuentro.

De su parte, la SEGEGO, lejos de desactivar un conflicto peligroso, echó más gasolina al fuego. Cometió un grave error, reconoció y otorgó nombramiento a nuevo agente de Guadalupe Victoria, sin tomar en cuenta que la población ya había decidido con antelación en la persona del actual agente, Teófilo Medrano Pablo, quien acompañado de los integrantes de su cabildo, son parte de la comunidad desplazada.

En el salón de usos múltiples de la cabecera municipal, el pasado día 15, la comunidad de afectados reprobó el actuar de la DDHPO, tras dejarlos plantados y no cumplir el cometido profesional.

Hombres de edad, consagrados a la honestidad, humildad y trabajo en el campo, los señores, José Margarito (83 años), Rolando Pablo (63), Santiago Martínez (69), coincidieron:

Solicitamos ayuda al gobernador Alejandro Murat. En paz y con justicia deseamos regresar al pueblo en donde nacimos, nuestra cuna, agencia Guadalupe Victoria. No queremos pelear, aseguran, y hacen votos porque la publicación de este caso, se convierta en solución.

Al mismo tiempo, agradecen el noble gesto de los pobladores de la cabecera municipal tras prestarles un hogar en donde vivir y tierras para trabajarlas, sin embargo, añadieron, nunca será lo mismo estar en casa, en nuestra propiedad, nunca más lejos del campo en donde se enterró el ombligo, destacaron.

En su turno, las señoras Crecencia Domínguez,  Mariana Martínez y Juana Santiago, son traicionadas por el llanto. No es para menos, recuerdan la noche en que fueron atacadas a balazos en Guadalupe Victoria. Lloran también la muerte del jovencito, José Antonio Pérez:

“No queremos más luto, nuevos muertos. Pedimos ayuda al gobierno de Alejandro Murat, que intervenga y resuelva un lío agrario por la vía de la paz. No queremos más víctimas, llanto y dolor. Queremos volver a casa, en paz pero con aplicación de justicia a los que tanto daño están causando, sobre todo al que asesino a un jovencito inocente, que empezaba a vivir y servir a su pueblo”, destacaron.

Y, mientras adultos reflexionan, analizando pasado y presente, con más preguntas que respuestas, los niños, en coro angelical, hijos de desplazados, a 20 meses de una tragedia sin resolverse en favor de la justicia, entonan:

“¡Queremos volver a casa, Murat!” “¡Queremos volver a casa, Murat!” “¡Queremos volver a casa, Murat!”

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