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“Entiendo el dolor que supone un reclamo”: Poveda

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Ciudad de México. El cantaor catalán del barrio de Baladona dejó claro en el concierto brindado la noche del viernes pasado en el Teatro de la Ciudad, quien, pese a su juventud, es la gran figura del flamenco actual: duende y compás en la fiesta, rajo y jondura en el cante, finura y gracia en cada movimiento.

Miguel Poveda, que está celebrando 30 años de carrera musical, preparó un programa que es resumen de mi carrera, según nos dijo en entrevista previa. Un concierto en el que mostraré algo más de mi mundo, de mi mundo interior, de mis raíces.

El concierto estuvo basado en tres álbumes discográficos Sonetos y poemas para la libertad, Enlorquecido, un homenaje intenso a Federico García Lorca, y El tiempo pasa volando, su más reciente producción.

La primera parte comenzó, precisamente, con el poeta granadino, de quien entonó Carta a Regino Sainz de la Maza y El amor duerme en el pecho del poeta, dos textos de 11 que musicalizó en este acercamiento a García Lorca, con quien, a su decir, logró crear un vínculo directo.

“Llegar a Federico fue algo imperioso y terrenal (…). Lorca te zarandea en lo más hondo del alma para quedarse a tu lado y regalarte caminos que corren sin saber por qué lo hiciste”.

Vestido de negro, como acostumbra, apoyado por sus cómplicesun grupo de músicos –integrado por el virtuoso guitarrista Jesús Guerrero; el percusionista Paquito González; Carlos Grilo a las palmas; El Londro al cante, palmas y coros, y el extraordinario bailaor Choro Molina– Poveda dijo llegar al Teatro de la Ciudad a comerse al público. Y aunque por momento le faltó la respiración por la altura (que me ha pegao terrible), el aroma puro de Cádiz llegó siempre al butaquerío.

La segunda parte fue flamenco puro. Arrancó con unas seguiriyas tremendas, cargadas de triste belleza (saudade que dicen los lusos), que remató con algunos tangos y tarantas. Siguió por alegrías, tientos y fandangos, sin explotar del todo.

La escuadra de palmeros, guitarrista y cajonero le siguieron en la cargada: La fiesta por bulerías (su género preferido) hizo crecer el entusiasmo del público. Poveda, primero de pie, luego sentado, se doblaba en cada arranque meciendo los brazos con gestos seductores y media sonrisa retadora. ¡Toma, asa, toma, asa; ¡venga Miguelito, venga! ¡Así, así, anda! le azuzaba su gente. Miguelito jugaba bien con el ritmo, logrando bonitos engarces tonales. Este joven maestro multigalardonado por su arte, posee una voz brillante, vigorosa, rica en matices y ofrece en sus actuaciones un extraordinario conocimiento de los cantes que ejecuta, siempre en la línea más ortodoxa y con encomiable honestidad.

Cadencia y animosidad

Miguel Poveda es un cantaor largo, hecho a sí mismo desde la experiencia que dan los años de estudio y la práctica en los tablaos de Baladona a Cádiz.

Él dice que no le incomoda ninguno de los géneros del flamenco (palos), de los que tiene conocimiento y dominio del compás. Lo potente en el flamenco es transmitir emociones. Un espectáculo potente en el flamenco tiene que tender a la esencia.

En escena es muy dueño de sí: Hay cadencia y animosidad en Las palabras negras (petenera) y Café sabroso (guajira); picardía en Donde las dan las toman,bulería, emparentada con la solea. Llegado el momento, recrea la petenera mexicana y la empata con la andaluza para establecer un vínculo amoroso. Un gesto que el público entusiasmado le aplaude de pie al terminar y obliga a regresar tres veces al escenario. Oportunidad que el cantaor aprovecha a rendir homenaje por solea a tres personas que llevo muy dentro: José Alfredo Jiménez, con El Rey; Chavela Vargas con Ojalá que te vaya bonito y a Juan Gabriel con su clásica Se me olvidó otra vez.

Ya en el camerino, Poveda nos comparte la experiencia de esa noche con el público mexicano. “Es admirable y es algo que me maravilla. Sentir que la gente de México ame al flamenco… Estamos hablando entonces de un sentimiento arraigado que une, y eso es un ejemplo para que lo sepan nuestros gobernantes”.

Esto último lo dice en referencia al debate suscitado por el reclamo de perdón que pidió el gobierno de México a al Estado Español, por lo acontecido hace 500 años en la Conquista. “Yo creo que en estos tiempos es mucho más sensato, más inteligente lanzar puentes de unión, darse la mano y encontrar más puntos de acuerdos que de confrontación (…). Entiendo bien cualquier dolor arraigado y lo que supone un reclamo, pero, insisto, vale más lanzar un mensaje de amor y concordia.”

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