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Editorial

El discurso autocrítico de José Narro Robles, ex rector de la UNAM, sobre el viciado proceso interno del PRI para elegir a su dirigencia, refleja que el ex secretario de Salud no tiene duda de que la cúpula de su partido ya decidió quién estará al frente del priismo, sin importar la consulta directa a la base.

Insistente, José Narro alerta sobre las consecuencias de una simulación, en el daño que causaría “la quiebra moral” de los priistas, en no legalizar “la trampa y el acarreo”, en la posibilidad de que el PRI se convierta en un satélite del partido en el poder, pero nadie lo escucha.

Con el respaldo de la mayoría de los gobernadores priistas, Alejandro Moreno Cárdenas será el nuevo dirigente nacional del PRI, y con esa seguridad que le da haber sido “avalado” por el presidente Andrés Manuel López Obrador, ya tiene le otorgó el Congreso de Campeche licencia para dejar la gubernatura.

La estrategia de la cúpula del PRI fue la de postular un candidato que obtuviera las aprobación del Presidente de la República, y Moreno Cárdenas la obtuvo, por lo que las escasas voces críticas del PRI cuestionan que el proceso electoral para renovar la dirigencia priista, no sea más que una simulación.

Sin mayor experiencia como militante del PRI, el ex rector de la UNAM y secretario de Salud en el gobierno de Enrique Peña Nieto, Narro Robles creyó que la elección en que participa, seria real, en condiciones equitativas y legales, porque no ha disputado cargos en su partido.

Ahora que lo hace, ya vio qué es la cúpula priista que todo lo decide y que juega a la simulación electoral, cuando todo ha sido preparado para que el ganador sea el gobernador de Campeche con licencia, Alejandro Moreno Cárdenas.

Lo mismo ocurre en los comités estatales del PRI, donde los gobernadores (si son priistas), deciden quién ocupara el cargo. En Oaxaca, por ejemplo, la reunión del gobernador Alejandro Murat Hinojosa con el ex candidato a senador por la alianza PAN-PRD-MC, Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, es la mejor señal de que será el próximo dirigente estatal, al haber aceptado su reafiliación al PRI, luego de haber renunciado a su militancia priista.

Frente a una descomunal derrota electoral en la elección presidencial, nada tiene que hacer al frente del PRI Claudia Ruíz Massieu y los dirigentes estatales, pero hasta ahora permanecen en el cargo para encabezar un proceso electoral interno, en el que no son garantía de imparcialidad.

Es más, en una burda maniobra para imponer al nuevo dirigente nacional, la actual dirigencia nacional del PRI pretende consumar por anticipado el fraude electoral, al haber incorporado 654 mil nuevos militantes, 75 por ciento de esos nuevos priistas corresponden a cinco estados de la república, todos gobernados por priistas, salvo la Ciudad de México.

Por ello, cuando el ex rector de la UNAM denuncia viejas prácticas y “vicios no deseables” en este proceso electoral interno del PRI, habla por quienes ingenuamente creen que la cúpula de su partido está decidida al cambio, cuando en realidad lo que buscan es simular una elección para perpetuarse al frente.

Pasada la elección  y una vez que haya sido ungido Alejandro Moreno Cárdenas al frente del PRI, “iniciará la operación cicatriz” para incorporar a los adversarios como Narro Robles y otros, a cargos dentro del Comité Nacional como “puestos de consolación”. Ese es el PRI, donde se habla de cambios para que todo siga igual.

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