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La disyuntiva ante el patrimonio arqueológico expoliado

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CIUDAD DE MÉXICO.- Si para Gran Bretaña y el Museo Británico de Londres, Inglaterra, Aldred Maudslay (1850-1931) es un gran explorador y hasta pionero en la investigación arqueológica de las zonas mayas, para varios investigadores de países como Honduras, Guatemala y México fue un saqueador.

En la documentación e imágenes fotográficas del famoso personaje británico, que aportó una buena parte de la colección maya del recinto londinense, pueden verse, por ejemplo, las esculturas que cercenó del Templo 22, en Copan, Honduras. Pero hay infinidad de piezas de zonas arqueológicas de nuestro país.

¿A quién pertenecen o deberían pertenecer esas piezas? ¿O los códices prehispánicos que se encuentran en diferentes partes del mundo? El antiguo debate que, incluso, ha enfrentado a varias naciones, fue abordado en el Instituto Nacional de Estudios Jurídicos (IIJ) de la UNAM, durante el “Encuentro en torno al Patrimonio Arqueológico Mexicano en Museos Extranjeros”.

Alrededor de 30 expertos, entre arqueólogos, historiadores del arte, antropólogos y juristas, fueron convocados por la Coordinación de Humanidades y el IIJ, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA), California, Estados Unidos, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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Por principio, en el Encuentro se expresó que, de acuerdo con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, vigente desde 1972, los monumentos arqueológicos son “propiedad de la nación: inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles”, informó el INAH en un comunicado.

Para el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, profesor emérito del INAH, los bienes arqueológicos procedentes de México que se encuentran en colecciones del extranjero, no dejan de ser patrimonio nacional. Aunque admitió que es poco factible su devolución, pues se basan en la idea de que una buena parte de esos bienes llegaron procedentes de sus antiguas colonias y “el expolio siguió cometiéndose tiempo después so pretexto de guerras e intervenciones”.

El especialista recordó el tan traído y llevado caso del “Penacho de Moctezuma”, que se encuentra en el Museo Etnológico de Viena, y formó parte de los obsequios que Moctezuma II dio a Hernán Cortés antes de la caída de México-Tenochtitlan en 1521.

Así están mencionados en la primera Carta de Relación dirigida al emperador del Sacro Imperio Romano Carlos V por Cortés. Se menciona también una veintena de códices que ahora se encuentran en bibliotecas europeas.

Hay bienes que han retornado a México, como el Códice Aubin o el Códice de la Cruz-Badiano que fue devuelto por el Estado Vaticano durante el papado de Juan Pablo II:

“Es importante que se analicen posibilidades, dentro del marco jurídico existente y vía acuerdos, de tener acceso a esos materiales. El tema se antoja difícil en el caso de las colecciones privadas, pero con las instituciones culturales podría entablarse el diálogo”, dijo Matos.

 

Parte del patrimonio cultural mexicano ha salido del país “por distintas vías” durante cientos de años. Aunque a lo largo de casi tres siglos, desde la colonia española incluso, ha habido distintas iniciativas para controlar este saqueo y cobró un nuevo significado tras la Independencia.

A decir del titular del INAH, Diego Prieto, legisladores como Lucas Alamán y Guillermo Prieto llamaron la atención sobre la importancia de mantener aquí los testimonios de las antiguas culturas mesoamericanas. Y hoy en día la ley actual cuenta con un apartado que podría debatirse e incluso generar una propuesta que llegara a la legislatura en turno.

Para Prieto no debe descartarse la posibilidad de que bienes arqueológicos sean repatriados. Mencionó casos como el reclamo simultáneo de varios países africanos de la restitución de parte de su patrimonio que se encuentra en museos de Francia y ante el cual —según él– el presidente actual, Emmanuel Macron, ha mostrado disposición.

Dijo que se puede avanzar si estudiosos mexicanos cooperan con la identificación, investigación y conservación del patrimonio arqueológico que se encuentra en colecciones de Europa y Estados Unidos.

Repatriación sui generis

Vale evocar una repatriación sui generis, que no fue recordada en este encuentro, y que fue muy polémica en su momento (reporteada por el semanario Proceso):

“En junio de 1982 el abogado José Luis Castañeda del Valle se presentó en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y solicitó ver una serie de códices mayas. Ante la reticencia de la responsable de la sección, expuso que era mexicano, que estaba en su derecho, y ofreció su credencial de elector. Una vez frente a los códices tomó el Tonalámatl Aubin, lo guardó debajo de su saco y se lo llevó consigo hasta su residencia en Cancún.”

Una vez recuperado de las manos de Castañeda, México alegaba en el conflicto diplomático desencadenado, que el códice “era parte de los monumentos históricos de México”, por tanto, debería permanecer aquí. Al final de 1991 “se asentó que el códice seguiría siendo propiedad de Francia, pero en calidad de préstamo a México, renovándose cada tres años, a condición de que el documento se preservara óptimamente e investigadores tuvieran acceso a él”.

 

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