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Los intocables de la SCJN

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Editorial

 

Insensibles, como toda élite, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), encabezados por su presidente, Luis María Aguilar, presumen que sus elevadísimos salarios son inalterables; que diputados y senadores que anuncian iniciativas de reformas a la Constitución para que, al igual que el resto de los servidores públicos no puedan percibir un ingreso superior al del Presidente de la República, son ignorantes, porque ellos están protegidos por la ley y cualquier reforma legislativa no sería aplicable para ellos y la “todopoderosa” burocracia judicial de México.

Efectivamente, la “elite” del Poder Judicial Federal buscará defender los enormes privilegios de que goza y ha gozado durante décadas, para conservar salarios y prestaciones que ofenden al pueblo de México, porque se sienten dueños de la ley, y cómo no, si pueden promover una controversia constitucional que ellos mismos tendrían que resolver, indudablemente a su favor, para no sufrir la “humillación” de percibir un salario menor al del Presidente de la República.

Una vez aprobada la nueva Ley Federal de Remuneraciones para los Servidores Públicos de los Tres Poderes de México, que había sido aprobada por el Senado de la República hace poco más de nueve años y que se negó a discutir la Cámara de Diputados, los mexicanos tendrán la gran oportunidad histórica de conocer, sin máscaras, a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ver si acatan o no la voluntad ciudadana expresada a través del Congreso de la Unión.

El 13 de septiembre será un día recordado por la historia y el pueblo de México, no solo por la histórica reforma legislativa aprobada por 246 diputados de Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social, sino también porque coincide con la Marcha del Silencio en contra de la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, días antes de la brutal agresión del 2 de Octubre en contra de estudiantes universitarios que cayeron abatidos por la balas criminales en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Fecha que ayer recordaron, con ejemplar civilidad, miles de universitarios que marcharon, esta vez, en contra de la violencia porril en el campus de la UNAM.

La historia registrará, como traidores y enemigos del pueblo, a los 111 diputados del PRI, PAN y PRD y otros partidos minoritarios, que votaron en contra de la nueva Ley Federal de Remuneraciones para los Servidores Públicos, porque con su voto demostraron que no entienden el mensaje del pueblo de México, que no saben escuchar y que siguen aliados a la élite que busca preservar privilegios que han servido para perpetuar la pobreza de los mexicanos.

Tenía razón Andrés Manuel López Obrador cuando llamó a los mexicanos a votar “parejo” por las fórmulas para el Senado y Cámara de Diputados, junto con el voto para Presidente de la República, porque de no haber sido así, ayer no hubiera pasado la primera Ley que aprobaron esos legisladores que recibieron la confianza de los ciudadanos para hacer posible los planteamientos y compromisos de campaña del presidente electo.

Los ministros de la SCJN podrán hacer la defensa de sus privilegios si así lo deciden, pero los mexicanos no quieren que una élite siga sangrando al país, como lo hacían los ex presidentes de la República que durante décadas recibieron dinero público y prestaciones económicas que representaban una carga más para los contribuyentes. Nunca más un gobierno y una élite de funcionarios públicos y políticos, frente a un pueblo pobre que carece de oportunidades para mejorar su condición de vida familiar.

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